?? Un viaje que empezó en los barrios
Hace unos años, el programa Opengela comenzó en barrios como Aramotz (Durango) o Basaundi (Lasarte) con un reto ambicioso:rehabilitar edificios antiguos, mejorar la eficiencia energética y acompañar a los vecinos en el proceso.
Hoy, esos barrios son ejemplo de cómo la tecnología y la colaboración pueden transformar la vida cotidiana de cientos de familias.
?? Lo que medimos, mejoramos
Antes de iniciar las obras, se instalaron sensores de monitorización en viviendas representativas para conocer la situación real:
temperaturas interiores bajas, humedad elevada en invierno, consumos altos de calefacción y una calidad de aire irregular.
Con los datos en la mano, los equipos técnicos pudieron ajustar las soluciones de rehabilitación: elegir mejor los aislamientos, mejorar las carpinterías o reforzar la ventilación.
?? Después de la rehabilitación: datos que hablan
Tras las obras, los sensores siguieron funcionando.
Los resultados son muy claros:
- Reducción media del 40–50 % en el consumo energético.
- Temperaturas interiores más estables a lo largo del día.
- Descenso de la humedad relativa y desaparición de condensaciones.
- Mejora del confort percibido por los vecinos.
?“Ahora la casa se calienta antes y el calor se mantiene más tiempo.”
?“Ya no tengo que ventilar tanto para que se vaya la humedad.”
Estos testimonios se repiten en todos los barrios participantes.
? Lo que hemos aprendido
La monitorización ha sido un espejo que nos muestra cómo usamos la energía.
Gracias a ella sabemos que:
- Muchos consumos excesivos se deben a hábitos, no a deficiencias técnicas.
- Pequeños cambios —como reducir un grado el termostato o ventilar correctamente— tienen efectos inmediatos.
- Las viviendas rehabilitadas necesitan menos energía, pero más conocimiento del usuario para mantener el confort sin derroches.
? De la rehabilitación a la educación energética
El proyecto no se limita a instalar sensores o hacer obras.
También busca sensibilizar a los vecinos sobre su papel en la eficiencia energética.
Por eso se desarrollan talleres, guías y vídeos para que cada persona aprenda a interpretar sus datos y tomar decisiones: cuándo ventilar, cómo evitar pérdidas de calor o qué hábitos mejoran la calidad del aire.
?“Una vivienda eficiente no lo es del todo si quien la habita no conoce cómo funciona.”
? Un beneficio colectivo
Los resultados no solo mejoran cada vivienda, sino todo el barrio.
Menor consumo energético significa menos emisiones de CO?, menor gasto familiar y mejor salud ambiental.
Además, los datos recopilados permiten al Gobierno Vasco planificar nuevas actuaciones y medir el impacto real de las inversiones públicas.
? Historias que inspiran
En Párroco Unceta, una vecina nos contaba:
“Antes el salón era el sitio más frío de la casa; ahora, con el nuevo aislamiento, apenas ponemos la calefacción y la temperatura se mantiene estable.”
En Zaramaga, un técnico añade:
“Gracias a los sensores, sabemos que la rehabilitación ha mejorado el confort, pero también que los usuarios pueden optimizar más si ajustan mejor la ventilación.”
?? El futuro: más datos, más confort, más barrios
Durante 2026–2028, el proyecto ampliará la monitorización a nuevos barrios y cientos de viviendas más.
La meta es seguir aprendiendo, combinando tecnología y participación ciudadana.
?Conclusión:
La monitorización nos ha demostrado que la eficiencia no empieza con la obra, sino con el conocimiento.
Cuanto mejor entendemos nuestra energía, mejor vivimos.
?Descubre más sobre los resultados y experiencias en la sección “Noticias”.


